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El Ébola, lo que nos falta entender.

Dado el más reciente brote, ya para nadie es desconocido este nombrado virus. Su forma de transmisión, signos, síntomas, diagnóstico, prevención y todo tipo de datos e informes están al alcance de un click para quienes estén interesados en conocer más a fondo sobre éste y las letales consecuencias de su transmisión e infección. Sin embargo, hay datos que no se encuentran al alcance de todos y hay muchas dudas que se generan alrededor de tan peligroso agente infeccioso. Con esta entrada, queremos aclarar algunas de estas preguntas.

El primer reporte de la actual epidemia de la enfermedad del virus del ébola (EVE) se dio en marzo de este año y se sospecha que el paciente cero fue una niña de 2 años que habitaba en el poblado de Meliandou, Guinea. Más tarde, el virus se transmitió a otros integrantes de su familia y hasta la fecha, ha continuado su transmisión e infección hacia otros países del occidente africano. Además de este primer brote, existe otro foco, ubicado en la República Democrática del Congo, que según científicos, no tiene las mismas características genéticas del iniciado en Guinea y se presume que los pacientes cero se presentaron al hospital local posterior al consumo de carne de animales infectados; la confirmación de estos casos como Ébola se realizaron el 26 de agosto del presente año y al igual que en los países de África occidental, se ha estado transmitiendo y causando muertes en la región de Jeera, sin extenderse a otros países pero sí a otros 4 poblados de la misma zona.

A pesar de los anteriores reportes y las actuales condiciones de la epidemia, la presencia de la EVE y su agente causal tiene una larga historia en África desde que fue descubierta por primera vez hacia 1976 (ver Gráfica 1). Entonces ¿Qué tiene de especial el presente brote?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que ha ocurrido este año con la EVE es algo sin precedentes para la historia de este virus en África. Desde el primer brote finalizando los años setenta, no se habían presentado tantos casos y defunciones atribuidos a este virus. El último reporte de la OMS del pasado 20 de septiembre muestra que las muertes ya ascienden a 5864 casos reportados con 2811 muertes (para civiles), 348 casos con 186 muertes (para personal de salud) y 134 casos con 46 muertes (reportes nuevos) en el brote de la región de África Occidental. En el caso de la República Democrática del Congo (RDC) los casos ascienden a 71 con 40 muertes (civiles) y 9 casos con 7 muertes (personal de salud). Todo esto para un total de 6426 casos y 3090 muertes en lo que va del año. El récord del anterior reporte más alto se remonta al primer brote del virus en 1976 con 602 casos y 431 muertes.

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Gráfica 1. Países afectados por el virus el ébola en la historia. Blankmap-Africa.Public Domain. Modificado por S.N.

Por otro lado, el Centro de control y prevención de enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) reportaba para el 19 de septiembre, 5864 casos con un total de 2811 muertes (África Occidental) y 68 casos con 41 muertes (RDC), para un total de 5932 casos y 2852 muertes; éstas cifras, a pesar de diferir de aquellas mostradas por la OMS, también superan el registro histórico de la EVE.

El hecho que este virus se haya presentado en esta ocasión en una región en la que no había registros históricos del virus, el corto tiempo que ha tomado su propagación, el número de casos y de defunciones, es algo sin precedentes para el Ébola, haciendo de este evento algo especial. Sin embargo, a pesar de lo anterior, vale la pena recordar que en la historia de la humanidad otros virus como el de la viruela, la gripe, el sida, el sarampión, la hepatitis B, la hepatitis C, la rabia, fiebre amarilla y el dengue, se llevan el record por el número de muertes causadas, que para algunos de los anteriores, ascienden a los millones de defunciones anuales. Así que, a pesar de ser esta una epidemia importante para la historia del virus y que requiere de la atención, esfuerzos inmediatos, medidas de control y prevención eficaces que contribuyan a detener la emergencia, su magnitud aún no se compara con otras enfermedades virales que aún continúan afectando a la población humana.

Ahora, otro aspecto de suma importancia que vale la pena aclarar es que existen determinadas categorías para agrupar los casos de ébola que se presentan y que permiten realizar estadísticas como las anteriormente mostradas. Así, dentro de los “casos” reportados se incluyen:

  • Casos sospechosos: Personas vivas o muertas que tengan o hayan tenido fiebre, contacto probable o confirmado con otros casos de Ébola, animales enfermos o con personas con fiebre y que hayan manifestado alguno de los siguientes síntomas: dolor de cabeza, vómito, anorexia, pérdida de apetito, diarrea, letargia, dolor de estómago, muscular o articular, dificultades al deglutir, al respirar, hipo; o cualquier persona con sangrado sin explicación o muerte repentina.

  • Casos probables: Cualquier caso sospechoso que haya sido evaluado por un profesional de la salud, alguna persona que haya muerto de un caso sospechoso de ébola y haya tenido alguna conexión epidemiológica con un caso confirmado de EVE, pero que no haya sido confirmado con pruebas de laboratorio.

  • Caso confirmado: Un caso sospechoso o probable a la que se le hayan realizado pruebas de laboratorio con resultados positivos.

 

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Gráfica 2. Países afectados en el actual brote de Ébola con el número de casos, muertes y casos confirmados. Tomado de la CDC. Blankmap-Africa.Public Domain. Modificado por S.N.

a clasificación anteriormente mencionada resulta algo ambigua al momento de dimensionar los efectos de la EVE que se están presentando. Para comprender mejor esto, podemos ver en la Gráfica 2 los datos de la CDC de los casos totales, muertes y casos confirmados. En esta gráfica se aprecia que para la mayoría de los países involucrados en el brote de este año, los casos confirmados con pruebas de laboratorio son mucho menores que los casos totales presentados, lo cual indica que los pacientes en observación y cuyas afecciones corporales clasifican como un caso sospechoso o probable están incluidos dentro de las estadísticas de la epidemia del Ébola. Se podría pensar que estos resultados pueden estar sobrestimando los cálculos del brote de la enfermedad en la región dada la presencia de otras enfermedades recurrentes en esta región como la fiebre hemorrágica de Marburgo, paludismo, tifus, cólera, malaria, entre otras, las cuales tienen diagnósticos que se pueden confundir con los síntomas de la EVE; sin embargo, dado que la demostración por pruebas de laboratorio para confirmar todos los casos sospechosos y probables implicaría un gran esfuerzo humano, de recursos y tiempo, esta clasificación permite, en un principio, realizar estimaciones del impacto de la epidemia en la población afectada y tomar decisiones eficaces que garanticen el control del brote.

Una tercera duda que surge respecto al virus del Ébola, hace referencia a que existe la posibilidad que este virus empiece a transmitirse a través del aire. Esta noticia, fue publicada en el New York Times en un artículo titulado “What We’re Afraid to Say about Ebola” del científico de la Universidad de Minnesota Michael Osterholm y es apenas normal que al provenir de un diario tan reconocido y de alta circulación, se genere cierto pánico y preocupación de quienes lo leen y además, que otros medios de comunicación alrededor del mundo usen esta información para alertar a su audiencia. Sin embargo, las fuentes científicas más rigurosas sugieren que a pesar que el virus del Ébola de esta epidemia está mutando rápidamente, es improbable que las partículas víricas resultantes lleguen a cambiar su medio de transmisión, que hasta el momento les ha resultado eficiente y clasifican estas afirmaciones como “altamente improbables” y a pesar que en teoría existe una pequeña posibilidad de que lo propuesto por Osterholm ocurra, pocos son los casos conocidos en los que se demuestre que una partícula vírica cambie su modo de transmisión.

El cuarto punto que también ha generado dudas y aseveraciones por parte de muchas personas hace referencia al reservorio natural del virus. Se le ha atribuido principalmente a murciélagos frugívoros de la familia Pteropodidae, quienes infectan a otros animales de las selvas africanas como chimpancés, gorilas, monos, antílopes, puercoespines, entre otros; mediante excretas que caen en frutos y alimentos de estos animales, quienes al consumir estas frutas con excrementos de los murciélagos, adquieren el virus lo cual les causa más tarde la muerte. Estos cadáveres encontrados en la selva son examinados sin protección adecuada por cazadores de las zonas aledañas quienes contraen el virus y lo transmiten a otras personas por contacto directo con fluidos, como ya se explicó anteriormente.

Pruebas que indiquen que los murciélagos de esta familia son los portadores del virus son escazas y se reducen a un solo artículo publicado por Leroy y colaboradores en 2005, quienes realizaron pruebas en búsqueda del virus en más de veinte mil vertebrados pequeños durante la epidemia ocurrida entre 2001 y 2003 en el Congo, RDC y Gabón y realizaron pruebas de la presencia del virus en éstos. Lo que hallaron fue la presencia asintomática del virus en 3 especies frugívoras de esta familia de murciélagos. A pesar de esto, no se han realizado mayores seguimientos a este posible reservorio natural ni estudios que permitan confirmar esta información mediante el uso de otras metodologías, dada la letalidad del virus y los peligros que representa el muestreo y manipulación de las colectas. Para la epidemia de este año, se dice que ha tenido mayor relevancia el contacto humano-humano en la transmisión del virus que el evento inicial que causó el primer caso (el presunto niño de dos años infectado en el caso del brote de África occidental y los cazadores en el caso de la RDC).

Para terminar, la última duda que circula con frecuencia hace referencia a la forma en la que los misioneros estadounidenses (Kent Brantly, 33 años y Nancy Writebol, 60 años) e incluso otras personas, fueron curadas mediante el uso de drogas experimentales como el suero Zmapp y el por qué estos mismos procedimientos no son aplicados para contener el brote actual de Ébola. Responder esta pregunta requiere abarcar muchos aspectos que van desde el proceso de manufactura de las vacunas y sueros, los planes de saneamiento y salubridad de los hospitales africanos, hasta las prácticas culturales de las comunidades de los países afectados durante sus salidas de cacería, alimentación e incluso sus celebraciones funerarias. De entrada, pareciera que los enfermos y personas susceptibles a contraer la enfermedad son difíciles de tratar y proteger, sin embargo, el hecho que la mayoría de las personas con acceso a las drogas experimentales e infraestructura hospitalaria adecuadas hayan salido bien libradas de la infección deja un punto de reflexión abierto, ¿Por qué, a pesar que ya se dio el aval para usar tratamientos experimentales en las regiones en peligro, no se han llevado a cabo planes masivos que ayuden a sanear las áreas afectadas?

En primer lugar, los procedimientos exitosos usados para recuperar a los enfermos estadounidenses y a muchos otros, en vez de ser publicados a manera de panfletos o cartillas especialmente diseñadas para las poblaciones africanas afectadas y para el personal de la salud que se encuentra involucrado en tratar a estos enfermos, es inicialmente publicado en revistas reconocidas, muy lejos del alcance de los principales afectados por el virus. Además de esto, la ayuda internacional en el actual brote ha sido limitada. Cuba ha sido uno de los principales países que ha actuado en respuesta a las necesidades de los países afectados, aportando recursos humanos (165 profesionales de la salud, incluidos médicos, epidemiólogos, enfermeros, especialistas de cuidados intensivos, entre otros); sin embargo, este ejemplo de solidaridad ha sido seguido por pocos, muchas de las naciones occidentales con recursos económicos suficientes que se comprometieron verbalmente a aportar dinero para controlar el brote, no han cumplido con el monto de los aportes prometidos y han donado sólo sumas irrisorias a la causa. Así, las donaciones de fundaciones privadas superan con creces a muchos de los países más ricos del mundo en el dinero enviado para controlar el brote.

Por otro lado, a pesar que los ensayos para la formulación de una vacuna contra el Ébola y sueros experimentales siguen su curso, el hecho que pocos laboratorios cuenten con los requisitos necesarios para manipular muestras contaminadas con el virus y que además de esto, se necesite una inversión económica significativa para probar, producir y distribuir estos medicamentos preventivos y de control, han frenado este proceso que ayudaría no sólo a detener el presente problema de salud pública sino también a proteger a más posibles víctimas.

No es tampoco una casualidad que los países más afectados este año por el ébola, son a su vez algunos de los países más pobres del mundo (lo cual se traduce en condiciones hospitalarias precarias) dificultándose así el “patrocinio” que estos países podrían dar a los laboratorios con las herramientas y capacidades para producir en masa ya sean las vacunas o tratamientos para contener la epidemia. Sumándose a lo anterior, están los altos índices de analfabetismo en estos países, lo que limita también el alcance de los planes de promoción y prevención que se puedan realizar en las zonas en mayor riesgo.

Pareciera que una vez más el refrán de “Al caído, caerle”, se cumple para los países del continente africano que con pocos recursos, limitada infraestructura, educación y el aún insuficiente apoyo internacional, están tratando de contrarrestar los efectos de este mortal virus.

Fuentes:

http://www.cdc.gov/

http://www.who.int/

http://www.nature.com/

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Un comentario el “El Ébola, lo que nos falta entender.

  1. Camilo López Aguirre
    octubre 24, 2014

    Reblogueó esto en El Epeyui.

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Esta entrada fue publicada el octubre 17, 2014 por en Oratio.

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